Estando cada rincón de mi habitación atiborrado de lisbros, escritos (propios y ajenos)y documentos como suele estar, no es raro que al intentar poner orden choque con algún papel cuya existencia había olvidado y deba pensar por qué fue que lo conservé; y en efecto, hoy encontré, copiada a mano por mí mismo, una de las "canciones y sonetos a Laura" escritas por Petrarca. Trátase en este caso de la que se titula "Que no espera otra paz ni desengaño para su amor sino la muerte", y supuse que si lo había conservado era porque algo interesante había en ese escrito. pues bien, reproduzcamos el texto palabra por palabra y veamos qué conclusiones saqué.
Que no espera otra paz ni desengaño para su amor sino la muerte:
Cuando al extremo más me voy llegando,
que el humano suele ir breve haciendo,
conozco más que el tiempo va corriendo,
y que el falso esperar me va burlando.
Y digo a mis cuidados ya tratando:
mucho de amor no iremos, porque entiendo
que me voy como nieve deshaciendo,
lo cual alguna paz nos irá dando.
Irá también cayendo la esperanza
que devanear me ha hecho grandemente,
y la risa y temor, el llanto e ira:
Así podremos ver cuán fácilmente
el hombre por lo incierto se abalanza,
y cómo en vano a ratos se suspira.
La primerpregunta que me hice ante semejante exposición de melosa y cursi sensiblería fue: ¿Qué puede llevar a un hombre, que como fragmento que es de la divinidad está destinado a convertirse también él en un Dios, a adorar tan burdamente a una forma de vida decididamente inferior? ¿Adoraba este hombre la delicadeza de las formas femeninas (único rasgo evolutivo de la mujer, si es que tiene alguno) o adoraba algún don espiritual, tan difícil de hallar en una mujer como la voz en las jirafas? es posible que antaño, cuando el hombre mismo era más sabio, la mujer encontrase en la adoración de su Dios terrenal (el hombre) la única posibilidad de evolución intelectual y espiritual, la única esperanza de razón y justicia, y lograse salir del automatismo animal en el que siempre ha vivido. Pero en esta época en la que la desgraciada bestia corre salvajemente si la guia de su Dios y pasta, hambrienta, en los mustios prados de la ignorancia, tal cosa es imposible. Queda pues suponer que este hombre adoraba el cuerpo de Laura, y en esto hay sabiduría, pues es lo único adorable en la mujer. ¿Por qué? Veamos: Cuando contemplamos una hermosa escultura de mármol sabemos que su valor no reside en el material de que está hecha, sino en la belleza de la figura que con mano maestra esculpió el artista. Y sin embargo, a pesar de la belleza, la escultura sigue siendo de mármol tanto por dentro como por fuera; tal vez más pulida por fuera para que resulte agradable al tacto, pero igualmente tosca por dentro en cuanto no ha sido refinada. De igual forma si intentásemos buscar un ápice de desarrollo intelectual y espiritual en la mujer, la cual sólo se diferencia de sus hermanas las bestias por el insoportable don del habla, pronto desistiríamos y nos quedaríamos con el aspecto exterior, pues no hallaríamos más que la nada misma. A esto el hombre común puede no entenderlo bien, pues no ha reconocido aun su carácter divino, pero veamos lo que decía al respecto un espíritu desarrollado como Charles Baudelaire en una carta enviada a su madre:
"Antaño ella (su mujer) tenía algunas cualidades, pero las ha perdido; y yo he ganado en clarividencia. VIVIR CON UN SER que no le reconoce a uno el menor mérito por sus esfuerzos, que lo contraría con una torpeza y maldad permanente (...) con el que es imposible cambiar una palabra política o literaria, una criatura que no quiere aprender nada, aunque le haya propuesto darle lecciones yo mismo, una criatura que NO ME ADMIRA (...) Tengo lágrimas de vergüenza y rabia al escribirte esto; y en verdad estoy encantado de que no haya ningún arma en mi casa; pienso en las ocasiones en que me es imposible obedecer a la razón y en la terrible noche en que le abrí la cabeza con una consola (...)Para resumir todos mis pensamientos en uno solo, y para darte una idea de todas mis reflexiones, pienso, para siempre, que la mujer que ha sufrido y ha hecho un niño es la única que iguala al hombre. Engendrar es la única cosa que da a la hembra inteligencia moral; en cuanto a las mujeres jóvenes sin estado y sin hijos, no son sino coquetería, implacabilidad y crápula elegante."
Muy de acuerdo estoy con la opinion de Baudelaire, pero debo reprocharle algo: Que siendo él poeta, y siendo éstos los intérpretes de los dioses, se haya ensañado tanto con la pobre bestia, cuya torpeza es producto de su falta de evolución; y si no consiento en que se maltrate injustamente a los perros, tan superiores a la mujer como nosotros a ellos, mucho menos puedo aceptar que se torture a la desgraciada hembra, cuya paupérrima forma de vida debería inspirarnos piedad. Cuando alguien nos pregunta cuál es la diferencia entre una vaca rumiando pasto y una mujer mascando chicle, todos sabemos que la respuesta es "la mirada inteligente de la vaca", entonces hagamos algo para sacar a la mujer del pozo de ignorancia en el que está sumida por naturaleza. Pero, se preguntarán, ¿Es necesaria la mujer para el hombre? ¿Puede hacerse algo para que evolucione? La respuesta a ambas preguntas es tajante: SI. El tantra rojo, practicado por mí y al cual reconozco como la mejor forma de liberar de la energía más poderosa del hombre, requiere de los dos principios, activo y pasivo. En la práctica tántrica, mezclada con las técnicas de Kama sutra y Ananga ranga, el hombre encuentra en la mujer la herramienta ideal para la realización espiritual; y esta operación debe llevarse a cabo dentro de un círculo consagrado a fin de que la energía (extremadamente poderosa) no se pierda. Ahora bien, siendo la mujer una herramienta, es fácil suponer que sólo adquiere verdadero valor cuando la utilizamos correctamente, pero al mismo tiempo ayudamos a la torpe criatura a desarrollarse y redimirse a sí misma por medio del servicio a sus superiores.
Nótese cómo en los paises de oriente, famosos por su sabiduría, la mujer es servil, callada y atesora cada palabra dada por el hombre; pues sabe que los Dioses inmortales pusieron al hombre para que gobernara la tierra, y que pronto éste será inmortal puesto que con la filosofía alcanza el pensamiento de los Dioses, y quien alcanza el pensamiento de los Dioses es también un Dios.
Hermanos mios, cuando debemos educar a un perro le damos un cachetazo en el hocico a fin de que aprenda que tal o cual cosa no se hace; y no es esto un castigo sino una obra de amor con la cual ayudamos al animal a evitarse ciertos problemas y a ser más inteligente. Eduquemos pues a la mujer, ayudemos a esta pobre, desgraciada e infeliz bestia a evolucionar intelectual y espiritualmente. Y si desistiere de esto y fuera necesario propinarle un cachetazo en el hocico, que así sea. Hagamos esto en perfecto amor y perfecta confianza, pues es por su bien y no por otra cosa que lo hacemos.
Peter Capusotto - Luis Almirante Brown
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